Retratos no olvidados
• La Galería Diago presenta a otro joven grabador de
su catálogo: Alberto Sautúa

POR MIREYA CASTAÑEDA / FOTOS DE AHMED VELAZQUEZ
-de Granma Internacional-

SIEMPRE resulta una grata sensación apreciar los primeros pasos de un artista, máxime cuando se advierte en sus obras verdadero talento. La oportunidad nos la ofrece la Galería Diago, situada en la bella Plaza Vieja del centro histórico de la capital, que en su nueva época trabaja exclusivamente con jóvenes grabadores. Allí expone ahora Alberto Sautúa (La Habana, 1976) sus Retratos olvidados, un título interesante pero que hay que indagar para comprender.

La pregunta la hacemos directamente al artista, con quien habíamos acordado una visita a ésta, su tercera muestra personal (la primera en la Galería Concha Ferrán, de Guanabacoa, en 1999, y la segunda en la Wifredo Lam, de Marianao, donde combinó grabado y pintura).

“El título Retratos olvidados está tomado de un cuadro mío, pero también tiene que ver con que cuando terminé San Alejandro (1996) hice una serie de dibujos al carboncillo en cartulina. Una serie de retratos a modo de descarga, que nadie vio, los tengo en mi casa. Siempre me gustó esta serie, retratos, rostros, puramente de mi imaginación, rostros de emociones. De ahí parte la idea que ahora llevé al grabado.”

El hilo conductor de la exposición es el retrato, pero también la técnica, todas son litografías, pero de esto hablaremos más adelante, ahora detengámonos en la temática y su simbología, pues destaca notablemente que las figuras aparecen en su gran mayoría como silenciadas, o silenciosas.

Según la curadora de la muestra, Almeris Herrera, se trata de figuras que se observan y están “tramando ciertas complicidades que prefieren callar, porque a veces lo que más significa es lo que arrastra menos palabras”, pero escuchemos a Sautúa.

“Las obras tienen mucho que ver con el artista, y éstas conmigo; son mis estados de animo. Cuando entro a trabajar no llego con una idea predeterminada, incluso en esta técnica que uno tiene que tener claro lo que va a hacer, porque no es como ponerse a manchar o dibujar. Me dejo llevar, como me sienta ese día, no llego con un boceto, me paro frente a la piedra y saco lo que tengo, desprendo un pedazo de mí. Son obras emocionales, utilizando el rostro. Muchos están así, callados. Así soy yo, un poco tímido, callado, por eso los personajes tienen las cruces en la boca. También he puesto más corazón y por eso lo he incluido expresamente en los cuadros.”

En cuanto al color, en esta ocasión, hay una utilización indistinta, un dramático blanco y negro, pero también de tonos ocres.

“El color es trabajoso en la litografía. Es cierto que utilizo el ocre y es porque en general me gustan los colores fríos sobre los cálidos. Me gustan los colores sobrios. Coincide también con la litografía misma, que se empieza con los colores claros. Recuerde que cada color es un dibujo.”

Detengámonos ahora en la técnica, pues la especialidad de Sautúa en San Alejandro fue el grabado, y al graduarse se integró al Taller de Gráfica Experimental de La Habana, en la Plaza de la Catedral, para conocer qué le atrae del grabado.

“Del grabado lo que me atrae es todos los medios que utiliza. Es un campo mucho más abierto para mí que la pintura, en el sentido de que es más fácil montar un lienzo en la casa, y ponerme a pintar, mientras que en el caso del grabado necesito de máquinas, prensa, en el caso de la litografía la piedra litográfica, muy difícil de encontrar y el Taller de la Plaza está muy bien provisto de ellas. Es una cosa donde puedo experimentar más, conocer más, son muchas técnicas. También he trabajado la calcografía, el grabado en metal, la xilografía y la serigrafía. Hay más campo para investigar. Disfruto en el taller, con la tinta, las máquinas, y además porque a mí me ha gustado siempre dibujar y en grabado, como tradición, el fuerte ha sido el dibujo. Incluso mi tesis yo la hice en grabado y dibujo al carboncillo.”

El grabado tiene, además, la arista de las posibilidades de reproducción. ¿Le interesa? “Ese aspecto no es preferido mío, pero sí, funciona, como técnica e igual por la parte comercial, porque te permite hacer ediciones. Yo hago ediciones cortas, de entre 15 y 20, lo que da más valor a la obra y porque en el caso de la litografía, por ejemplo, cuando pasas de cincuenta, ya no da calidad, porque es mucha carga de tinta, empieza como a embotarse la piedra, el poro no aguanta más cantidad. Hay que tener muy buena preparación para hacer una edición larga en el caso de la litografía; la serigrafía no, es más rápido y sencillo el mecanismo, se puede hacer más.

Casi siempre una exposición personal da paso a una nueva etapa, nuevas series. “Sigo trabajando los retratos, pero en otra técnica, otro soporte, la colagrafía, que es un lenguaje diferente, más pictórica, y hasta tridimensional. La he trabajado poco en el taller, pero me gusta, ves al momento lo que sale, luego que tienes la matriz vas aplicando tú mismo los colores por zonas, y salen cosas diversas. Diferente de la litografía que no sabes el resultado hasta el final. Además, me gusta la experimentación”.

Tres exposiciones personales, participar en muestras colectivas en Canadá, Chile, Bélgica, Hungría, Francia, España. ¿Está satisfecho? “No del todo satisfecho, muchas veces cuando veo las obras expuestas las quiero cambiar. Pero estoy contento con esta muestra, es una galería interesante, está en un buen lugar”.

¿Puede haber un contrapunteo entre el grabador y el pintor? “Me ha gustado más el resultado de lo que he hecho como grabador. La pintura la hago más a modo de hobby, no tiene mucho que ver con los grabados. En la pintura estoy más amarrado, trato de hacerla con más cuidado, y no queda como quiero. En el grabado trabajo constantemente y lo hago con mucha espontaneidad”.

Alberto Sautúa se mantiene, por ahora, en la figuración, le interesa la figura humana, sus rostros, sus emociones, sus conflictos, pero no quiere “dar un mensaje directo a nadie, quiero que la gente entre en discurso con la pieza cuando se pare frente a ella”. El momento es propicio para que comience el diálogo, sólo lléguese a la Galería Diago.

 

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